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Las prácticas restaurativas están cimentadas en los principios de la justicia restaurativa, en entender que hacer algo malo es fundamentalmente más una violación a las relaciones y la comunidad que a las reglas y a las leyes, que cuando se hace algo malo es necesario prestar atención a las necesidades de la víctima y animar a los ofensores a aceptar responsabilidad, además que todos aquellos involucrados en la situación deben ser parte del proceso (incluyendo: las víctimas, los ofensores y otras personas como los miembros de la familia, los amigos y los testigos). Entre los ejemplos específicos de prácticas restaurativas se encuentran: la comunicación afectiva, la mediación, el Tribunal de menores y las reuniones del grupo familiar.